sábado, 28 de marzo de 2020

Para vos Mary Sunshine, una insumisa melancolía otoñal...



LO VICIADO DE LO AUSENTE

HOJA SIN FECHA


Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos, aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos. Es preciso decir cómo veo esta mesa, la calle, la gente, mi paquete de tabaco, ya que es esto lo que ha cambiado. Es preciso determinar exactamente el alcance y la naturaleza de este cambio.
Por ejemplo, ésta es una caja de cartón que contiene la botella de tinta. Habría que tratar de decir cómo la veía antes y cómo la veo ahora. ¡Bueno! Es un paralelepípedo rectángulo; se recorta sobre...  es estúpido, no hay nada que decir. *


Inútil día pasional. ¿De qué sirve la ilusión de la conciencia, sin el atuowxámen? Si la desesperación pulveriza a la esperanza convencional. Nadie se inmola en los eternos fuegos de la pasión, para salvar a nadie. “Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo”. * Si respiramos sobre la superficie y no obramos, la disipación de la materia, irrumpe en escena. No son verificables las certezas en el único océano compartido de las ambigüedades, en el cual, hundidos, respiramos sin crear destino cierto, ético.

El sol se apagó. El cielo celeste ennegreció sus alas. El paisaje tanático que nos acorrala desde hace millones de años. En cierto lapso cronológico, la espada verduga es blandida por tres o cuatro gorras entorchadas, tres o cuatro sotanas con cruces en la cabeza (en vez de ella) o tres o cuatros financistas que gobiernan el mundo todo desde su somier preferido: la tumba de las presurosas ganancias extraordinarias.

Estuviste en la puerta y de pronto, ya no estabas más. La lluvia otoñal, en silencio y voluntariosa, se volcaba por sobre la mortificante sombra de la soledad. En el desierto de cemento, los pájaros ni vuelan, ni cantan (¿Cómo en Vietnam?). Solo a veces, pen las horas del ocaso, sus vidas aladas, presagian, nos notifican qué vislumbran desde las alturas de su vuelo, el mañana que habremos de transitar, aun no lo querramos. En el desierto urbano, tampoco hay más perros paseando como burgueses aletargados, con sus amos latosos, ni gatos correteando tras rechonchos ratones voraces. Algún que otro individuo canino, enclenque , flacucho, husmea las baldosas inundadas, en la seguridad que va a volver a encontrar el feliz camino de vuelta a casa. La tristeza se hace infinita, inalterable, de solo evocar el brillo sonoro de las copas, de nuestro tantos brindis. ¿Volverá la luz del sol de esos días? ¿Recuperarán las alas del cielo su vuelo turquesa? No lo se. Los pájaros, desde su elevación, no arriesgan repuesta. Algún amanecer cualquiera, ¿observará tu corazón, junto al sol rojo, acerca de nuestro fugaz encuentro en esta dimensión azarosa?

El nihilista acopio de ingentes cifras dinerarias, de por sí, no es el escudo invencible para salvaguardarnos de las oscuridades intoxicadas de la eternidad. Las pandemias terrenales son las evidencias probatorias incontrobersiales. Las locuaces imputaciones para justificar, exusar las propias acciones disipadas, poseen un precio prefijado. El daño moral, físico, no es una conceción graciosa, filantrópica de los condenados de este mundo, para que las túnicas del oro, se emorrachen en su rutinario rito orgiástico, bebiendo la sangre de los derrotados. Vencidos, en medio de las sombras de los colores, continuamos aquí, más leales que nunca, a la alborozada albañilería de la libertad. No se registran en los documentos públicos, ni en los reservados y oscurísimos archivos de la memoria estatal, vuestro rictus de aguafiestas marchitados, por las pérdidas de lo que no pudimos alcanzar, debido a su oficialista mala fe de creyentes victoriosos.

Te veo en el cristal humedecido por la llovizna, de mi fantasía. Tu brillante paragüas negro, escurriendo el agua de lluvia sobre las puntas de tus cabellos sobre la espalda. Tus pasos son normales, no huyen de la precipitación otoñal. La congoja gris en mi, se agrega imperceptible al agua del cielo que humedece tus manos ocupadas. En vez de tu sombra, va una silueta difusa, hosca, tal vez, el egoísmo. La resolución de mi visión esencial, carece por completo de certeza. El perfil de la cima recargada de la duda, es lo más distinguible. Lo real, es que caminás bajo el albur otoñal, con la mirada atenta, bajo la vigilancia imperceptible de los antiguos eucaliptus, un poco más allá de la calzada que atavían tus pasos.

Se, con alto grado de corrección, en qué plaza de mi interior, quedaron fijados los sueños enardecidos, honrosos, esos que no filtraron por el albañal del quebranto, ni transigieron con el nuevo orden encomendado a torturas y desapariciones masivas, que nunca terminaban, por el monetarismo global. Sin embargo, el autorescate se corresponde simétrico, con aquella percepción indisoluble, que es la imperecedera infalibilidad, que hubo, al menos en gran medida, un mundo mejor, más respirable, más justo, que merecimos haberlo habitado y vivido, de habérnoslo propuesto con sangre más caliente y con orientado intelecto. , Ahora, una vez que el otoño vuelve a su poder de siempre, una vez más, demuestra, sin intermediaciones mediáticas interesadas, la posición en la que nos encontramos, inermes, ahí de sucumbir, fijando en detalle, sobre un plasma sideral en blanco y negro, el sin sentido, la sin salida posible nuestra y solo a algunos viciosos, alienados, minoritarios, con claridad retorcida, que están relacionados materialmente con el sótano umbroso del consumismo patológico y que nos conducen, apremiantes, en masa boquiabierta, hacia el fondo del mismo, sellado, bloqueado a cal y canto.

Pánico, es todo lo que hay en la proximidad. Sufro indeciblemente, por el asalto a traición sobre mi desesperada visión esencial, que tus pasos, tus zapatos, subidos a esa indiferente, indolente aparición egoísta, te lleve, inconciente, hacia el fondo de aquél túnel de la quietud, en donde la vida nuestra, nada advierta.


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*El Evangelio según Jesucristo (O Evangelho Segundo Jesus Cristo) Jose Saramago.
Editorial: Caminho. 1991.
Traducido por: Basilio Losada Castro. Alfaguara. 1998.
https://es.wikipedia.org/wiki/El_Evangelio_seg%C3%BA        n_Jesucristo

*LA NÁUSEA

9a. EDICIÓN
EDITORIAL ÉPOCA, S. A.
Emperadores No. 185  México 13, D. F.
Título original francés
La Nausée
Traducción de
AURORA BERNÁRDEZ
Impreso en México             Printed in México.