LO VICIADO DE LO AUSENTE
HOJA
SIN FECHA
Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un
diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos,
aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos. Es preciso decir cómo
veo esta mesa, la calle, la gente, mi paquete de tabaco, ya que es esto lo que ha cambiado. Es preciso
determinar exactamente el alcance y la naturaleza de este cambio.
Por ejemplo, ésta es una caja de cartón que contiene la botella de
tinta. Habría que tratar de decir cómo la veía antes y cómo la veo ahora. ¡Bueno! Es un paralelepípedo rectángulo;
se recorta sobre... es estúpido, no hay
nada que decir. *
Inútil día pasional. ¿De qué
sirve la ilusión de la conciencia, sin el atuowxámen? Si la desesperación pulveriza
a la esperanza convencional. Nadie se inmola en los eternos fuegos de la
pasión, para salvar a nadie. “Hombres, perdonadle, porque él
no sabe lo que hizo”. * Si respiramos sobre la
superficie y no obramos, la disipación de la materia, irrumpe en escena. No son
verificables las certezas en el único océano compartido de las ambigüedades, en
el cual, hundidos, respiramos sin crear destino cierto, ético.
El sol se apagó. El cielo
celeste ennegreció sus alas. El paisaje tanático que nos acorrala desde hace
millones de años. En cierto lapso cronológico, la espada verduga es blandida
por tres o cuatro gorras entorchadas, tres o cuatro sotanas con cruces en la
cabeza (en vez de ella) o tres o cuatros financistas que gobiernan el mundo
todo desde su somier preferido: la tumba de las presurosas ganancias
extraordinarias.
Estuviste en la puerta y de
pronto, ya no estabas más. La lluvia otoñal, en silencio y voluntariosa, se
volcaba por sobre la mortificante sombra de la soledad. En el desierto de
cemento, los pájaros ni vuelan, ni cantan (¿Cómo en Vietnam?). Solo a veces,
pen las horas del ocaso, sus vidas aladas, presagian, nos notifican qué
vislumbran desde las alturas de su vuelo, el mañana que habremos de transitar,
aun no lo querramos. En el desierto urbano, tampoco hay más perros paseando
como burgueses aletargados, con sus amos latosos, ni gatos correteando tras rechonchos
ratones voraces. Algún que otro individuo canino, enclenque , flacucho, husmea
las baldosas inundadas, en la seguridad que va a volver a encontrar el feliz
camino de vuelta a casa. La tristeza se hace infinita, inalterable, de solo evocar
el brillo sonoro de las copas, de nuestro tantos brindis. ¿Volverá la luz del
sol de esos días? ¿Recuperarán las alas del cielo su vuelo turquesa? No lo se.
Los pájaros, desde su elevación, no arriesgan repuesta. Algún amanecer
cualquiera, ¿observará tu corazón, junto al sol rojo, acerca de nuestro fugaz
encuentro en esta dimensión azarosa?
El nihilista acopio de
ingentes cifras dinerarias, de por sí, no es el escudo invencible para salvaguardarnos
de las oscuridades intoxicadas de la eternidad. Las pandemias terrenales son
las evidencias probatorias incontrobersiales. Las locuaces imputaciones para
justificar, exusar las propias acciones disipadas, poseen un precio prefijado.
El daño moral, físico, no es una conceción graciosa, filantrópica de los
condenados de este mundo, para que las túnicas del oro, se emorrachen en su rutinario
rito orgiástico, bebiendo la sangre de los derrotados. Vencidos, en medio de
las sombras de los colores, continuamos aquí, más leales que nunca, a la
alborozada albañilería de la libertad. No se registran en los documentos
públicos, ni en los reservados y oscurísimos archivos de la memoria estatal, vuestro
rictus de aguafiestas marchitados, por las pérdidas de lo que no pudimos
alcanzar, debido a su oficialista mala fe de creyentes victoriosos.
Te veo en el cristal
humedecido por la llovizna, de mi fantasía. Tu brillante paragüas negro,
escurriendo el agua de lluvia sobre las puntas de tus cabellos sobre la
espalda. Tus pasos son normales, no huyen de la precipitación otoñal. La
congoja gris en mi, se agrega imperceptible al agua del cielo que humedece tus
manos ocupadas. En vez de tu sombra, va una silueta difusa, hosca, tal vez, el
egoísmo. La resolución de mi visión esencial, carece por completo de certeza.
El perfil de la cima recargada de la duda, es lo más distinguible. Lo real, es
que caminás bajo el albur otoñal, con la mirada atenta, bajo la vigilancia
imperceptible de los antiguos eucaliptus, un poco más allá de la calzada que atavían
tus pasos.
Se, con alto grado de corrección,
en qué plaza de mi interior, quedaron fijados los sueños enardecidos, honrosos,
esos que no filtraron por el albañal del quebranto, ni transigieron con el
nuevo orden encomendado a torturas y desapariciones masivas, que nunca
terminaban, por el monetarismo global. Sin embargo, el autorescate se
corresponde simétrico, con aquella percepción indisoluble, que es la
imperecedera infalibilidad, que hubo, al menos en gran medida, un mundo mejor,
más respirable, más justo, que merecimos haberlo habitado y vivido, de
habérnoslo propuesto con sangre más caliente y con orientado intelecto. ,
Ahora, una vez que el otoño vuelve a su poder de siempre, una vez más,
demuestra, sin intermediaciones mediáticas interesadas, la posición en la que
nos encontramos, inermes, ahí de sucumbir, fijando en detalle, sobre un plasma
sideral en blanco y negro, el sin sentido, la sin salida posible nuestra y solo
a algunos viciosos, alienados, minoritarios, con claridad retorcida, que están relacionados
materialmente con el sótano umbroso del consumismo patológico y que nos
conducen, apremiantes, en masa boquiabierta, hacia el fondo del mismo, sellado,
bloqueado a cal y canto.
Pánico, es todo lo que hay en
la proximidad. Sufro indeciblemente, por el asalto a traición sobre mi
desesperada visión esencial, que tus pasos, tus zapatos, subidos a esa indiferente,
indolente aparición egoísta, te lleve, inconciente, hacia el fondo de aquél
túnel de la quietud, en donde la vida nuestra, nada advierta.
= = = = = =
*El
Evangelio según Jesucristo (O Evangelho Segundo Jesus Cristo) Jose Saramago.
Editorial:
Caminho. 1991.
Traducido
por: Basilio Losada Castro. Alfaguara. 1998.
https://es.wikipedia.org/wiki/El_Evangelio_seg%C3%BA n_Jesucristo
*LA
NÁUSEA
9a.
EDICIÓN
EDITORIAL
ÉPOCA, S. A.
Emperadores
No. 185 México 13, D. F.
Título
original francés
La
Nausée
Traducción
de
AURORA
BERNÁRDEZ
Impreso
en México Printed in México.