“de acuerdo con el contexto de la victoria, cabe el estilo de la derrota"
Rodolfo Walsh.
En Córdoba, 9 de Julio de 1978.
A Raquel *
Los preceptos que se van a leer son fruto de la experiencia; la experiencia implica una cierta suma de disparates; y como cada cual los ha cometido –todos o poco menos-, espero que mi experiencia será verificada por la de cada cual.
Charles Baudelaire
A través de la velada ventana de los días voy observando el paisaje desordenado de mi casual sobrevivencia. Siento el viento que se lleva la protectora esperanza, que me trae y me deja la angustia de vivir entre los árboles secos, entre paredes, entre las agujas del reloj, entre las sombras. «¿Hay esperanza aun? Mi esperanza se expatría de tierras doctorales de coloniales campanario sin armonías. Se desbanda hacia el exilio donde giran y giran las Golondrinas de aquella Plaza de Mayo, alejándose de inherentes países donde su gobernante es la Lobreguez y el Silencio su Secuestrador. Camino mi vivir y de vez en cuando me encuentro con seres como vos; seres ceñidos por una sensación a poesías emancipadoras, como si escaparan por algún parisino boulevard de Rayuela o de algún jardín fuliginoso, donde Baudelaire laboraba sus Flores del Mal; y confieso aquí, que toda tu persona me inspira a sustraerte de tu elemento humano, algo que se entienda como un ulterior escrito, un pensamiento decisivo o simplemente la regia festividad de la visión de ser salvaje ráfaga, para satisfacerse con tus propias manos o para hamaquearse achicado en tu cintura.
A mi tiempo lo desperdicio escribiendo papeles que encuentro en el suelo, bajo hojas muertas de ilusorias canciones protestonas, andando por una y mil veredas oscuras, desiertas; voy recogiendo los requiebros desaparecidos de sus nombres y del tuyo. Mientras colecciono en papeles expuestos, toda esas miserias que mis semejantes son capaces de propulsar hacia el ambiente exterior de su espectro. No me queda otra que asumir con una cierta buena voluntad, todas las cosas que hacen y mueven la vida, y que van esfumándose de nuestros sentidos alertas, vigilantes, como si nunca hubieran existido. Hasta recorro navegando los ríos metafísicos, que se desbordan incontrolables a nuestro alrededor. En ciertos días de aparente normalidad, cuando la mente se opone intransigente al corazón, que sí vislumbra la recalcitrante realidad precisa, te encuentro entre mis cosas cotidianas; te hallo en mi guitarra o en aquel país del Mutismo, donde me siento apropiadamente poseedor de los ininteligibles e ignorados prodigios universales, donde soy amo señorial de mi propia presencia y me observo deslumbrado: mis manos que coronan tu cabeza etérea, intangible, con tu cabello color independencia. ¿A quién le importa si estás o desapareciste? ¿No recordás que siempre es y será lo mismo? La castigadora zozobra a la que nos arrojó el Estado, que veda los pensamientos, los actos agrupados continuamente y vos ahí, queriendo otra política, con tus posturas objetivas, altaneras, ineluctables, rojizas y orgullosamente cuerdas. Me mirás desde un punto sombrío, muy por encima de la bulla política partidaria. Me siento tan categórico entonces, al darme cuenta que me tenés, que me pensás, aunque lo ciertamente concreto, es que es a tu modo, con tu estilo tabicado, siguiendo con los ojos bien abiertos, la conveniente línea de la naturaleza del juego de ellos. Si en todo este tiempo que ha transcurrido y además, nosotros dentro de él, se que a ciencia cierta, se ha magnetizado contra los negros agujeros institucionales, debido a esa trayectoria ignara sin retorno.
¿Por qué se nos imputa entonces, a vivir horriblemente juiciosos en una realidad sin puerta trasera, que se perpetúa hincada en la privación y el engaño? Pero la verdad es ineludiblemente una sola: nuestra (la de todos) no es más que una mera condición fugaz. Se marchará el spleen de cualquier otoño plúmbeo hasta el delirio, más adelante tornará. Palidecerá el invierno nacional con su inhumana verdad deslucida y forasteramente reaparecerá. Pero, ¿nos acertará más, más al vicio de la soledad multitudinaria, a la apatridía u otra vez a la alborada de la liberación?
Eco de botas se reparten entre las futboleras galimatías populares y nacionales. Cínicas, institucionales, creyentes. Atrás de todos nosotros, pero bien presentes, permanecieron las flores horizontales y su perpleja sombra. ¿Es de efectiva utilidad saber y conocer la verdad?
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*Supe de ella en 1973. Vivía en la calle Independencia al 500 del barrio Nueva Córdoba, Córdoba Capital y a cuya dirección, nunca arribó esta carta, borroneada en un par de hojas de un deshilachado cuaderno Rivadavia del primer año de la secundaria en Villa Cabrera, ya que simplemente no fue enviada. El fragor de la victoria mundialista, teñía de opacidades atroces a la verdad nocturnal, de nuestro país alambrado con púas de acero. “Ayer no más”.
https://www.youtube.com/watch?v=bXIq_hdHpPk