sábado, 14 de marzo de 2020

Para vos Mary Sunshine que en algún sitio del planeta o del universo, estarás.

Mya Queen Dear (I)

¿cómo podría escribir lo que pasó?

Aquel día en Mayo-san reflexionaba yo sobre la manera en que se escriben los cuentos.
Sí, ¿cómo se escriben los cuentos?
Aquella misma mañana saqué el expediente en que Sofía Vasilievna Gniedij-Tagaki desarrollaba su biografía desde el momento de su nacimiento, pues no había comprendido bien el instructivo según el cual todo repatriado debe proporcionar sus datos biográficos. Para mí, la biografía de esta mujer comienza en el momento en que el barco llegaba al puerto de Suruga; era una biografía extraña y breve, muy diferente a la de millares y millares de mujeres rusas de provincia, cuyas vidas podrían perfectamente escribirse con un método estadístico —monográfico— de conducta, porque se parecen como una cesta a otra: la cesta del primer amor, los sufrimientos y alegrías, el marido, los pequeños engendrados para bien de la patria, y tantas otras cosas...*

Boris Pilniak (quien no se las vio del todo bien con Stalin) cuenta cómo conoció al escritor japonés y a su mujer rusa, unidos mediante un original e infrecuente matrimonio, simplemente poraquellos fieros antecedentes históricos de ámbas naciones. Además, de llevarnos (con su relato) a un inesperado, imprevisible e impredecible final. La extravagante sensación a la que uno es conducido por la narración de Pilniak, cuando nos es revelado los profundos motivos del escritor japonés al insistir impenitente, desde que lo licenciaron (no tan sorpresivamente) de las Fuerzas Armadas japonesas, conduciéndolo a una baja temporal del servicio, para concretar, lo que por tradición y por ley, le estaba realmente impedido: casarse con la rusa.

El punto es que, en el mismo momento que escuchaba Diggin’ That Harmolody (sabio y honrado tributo a Ornette Coleman) de la banda turca KONSTRUKT + el saxofonista tenor y barítono norteamericano KEN VANDERMARK, del álbum Kozmik Bazaar (2019), se me agolpó en la pantalla de la memoria, la increíble y sorprendente narración del ruso Boris Pilniak, en el cual, con alta pedagogía competente, nos pone por delante, los incontrastables e incontroversiales dundamentos (subrepticios, en este caso) que pueden llegar a elaborar diversos seres humanos, con el único y definitivo objeto, de alcanzar, más tarde o más temprano, cosa perfectamente entendible, pero no aceptada del todo bien, sus irrenunciables objetivos.

Cabría, por ahora, situarse lo más cómodo posible, en la perspectiva de Camus, razonando si todo fin justo, es posible alcanzarlo a través de medios injustos.

Se conociero en una biblioteca popular en 1971. Ella tenía treinta y él, diecisiete. Ella era hija única de una madre extranjera, la que llegó embarazada de Europa, precisamente treinta años atrás.

Ella leía y hablaba perfecta y correctamente en francés y en alemán. Ella encandilaba mágicamente a casi todos, con su metro setenta de altura, con su agraciadísimo cabello ondulado, rubio rojizo y sus profundos ojos verdes aceituna, guarnecidos naturalmente por unas increíbles pestañas castaño oscuro, que de tan destacadas, rozaban el arco superfiliar con el parpadeo. Nunca supo con certeza plena, a qué se dedicaba.

—¿A quién leés por estos días? — —En tu carta me contás que te gustan mucho los autores franceses... — —Aquí dice que leíste La condición Humana de Andre Malraux, La Caída de Camus, Los Monederos Falsos de Andre Gide, La Náusea de Sartre, y Crimen y Castigo del ruso  Dostoiewski... — —La verdad che, ¡que cabecita la tuya! —

—Bueno, no es para tanto, hay cosas más interesantes, creo, por un lado y por el otro, también he leído los cuentos y poemas de Poe, Justine y Juliette de Sade, además, Los 120 días... —

—¡Vaya, vaya con el joven!— —¿Qué sabés del sexo? —

—Que los hombres no podemos embarazarnos, que no tenemos tetas, pero que tenemos una pija..., que las mujeres se embarazan, tienen tetas, pero no tienen pija... y por esos solo, nos quieren o nos odian—

—Sos un hijo de puta ... —

—¿Te parece, che? ¿No será mucho? ¿A qué mujer le podría interesar, hoy o mañana, que un pendejo como yo se la pase leyendo fragosidades de todo tipo y que ni le importe la música bailable...? — —...me parece que a vos, sí te gusta ir a bailar... —

—¿Te parece que ir a bailar sea una cosa pelotuda? —

—Por supuesto, che—

—¿Leíste Memorias de una Princesa rusa? —

—Sí—

—Por lo menos, ¿hojeaste el Kamasutra? —

—Sí—

—¿Y cuál te gusta? —

—La que vos elijas—

—¡Papito! ¡Que reaccionario que sos! —

—No tengo la culpa. Vos me lo dejás servidito ... —

La penumbrosa mirada verde, mutaba torva, inquieta, fuera de control. Sus pechos, pequeños, preciosos, ascendían y descendían con ritmo y melodía femenina, sugiriendo altiva, que ella era la gobernanta de la escena y de sus posibles salidas y entradas.

Él presentía el insoportable tedio de todo aquello, un aburrimiento atroz, por esa ridícula batalla, en búsqueda, rayano el estupor de verse envuelto sin solución a la vista, del superdominio de uno sobre el otro. Puntualmente anhelado con absoluta naturalidad por ella, sobre él.

Julio de 1971. El invierno en Córdoba de aquellos años, era feroz, de una inusitada crueldad atmosférica. “Así mata a los bichos”, decían las comadres del barrio céntrico.

La cafetería y cervecería de la esquina de Dean Funes y Belgrano, uno de los pocos sitios mejor considerados en la ciudad, por esos momentos, y donde, desde muy pequeño, desayunaba con su madre, los tenía por parroquianos, con la mesa abarrotada de paquetes de cigarrillos, encendedores, cajita japonesas de fósforos, pocillos de café vacíos con colillas de cigarrillos en su interior, , otros olvidados a medio terminar, y una montaña de libros.

—Amo los libros, me son más transcendentes que el dinero de los bancos o que los ejércitos o que los curas y sus catedrales... —

Compartían una acendrada posición atea, por momentos y por otros, agnóstica particular, singular.

—Puede que Jesuscristo haya sido revelado (o no) por María Magdalena en su evangelización (buenas nuevas), aunque tengo la impresión que por aquellas épocas, algún sector de la burguesía ilustrada, no hacía otra cosa que patrocinar o autopatrocinarse como evangelizador y si no, fijate acá:—

* Evangelio secreto de Marcos
* Evangelio de Pedro
* Evangelio del Pseudo-Santiago
* Evangelio cátaro del pseudo-Juan
* Evangelio de los hebreos
* Evangelio de los ebionitas
* Evangelio de Bernabé
* Evangelio Taciano
* Evangelio de los nazarenos
* Evangelio de Ammonio
* Evangelio de la Venganza del Salvador
* Evangelio de la muerte de Pilato
* Evangelio apócrifo de Galilea

—A mi me encanta el de María Magdalena. Su rótulo de apócrifo impuesto a sangre y fuego por las fuerzas armadas inquisitoriales del poder canónigo mundial, connota subversión emancipadora de las voces silenciadas por el terror oficialista. Escuchá te leo un fragmentito final—

La ascensión del alma
15 [...] a él, y la Concupiscencia dijo: «No te he visto bajar y ahora te veo
subir. ¿Por qué mientes, si me perteneces?». El alma respondió diciendo:
«Yo te he visto, pero tú no me has visto ni me has reconocido. Por la
vestimenta, que era tuya, y no me reconociste». Una vez dicho esto, (el
alma) se apartó con gran alegría y seguidamente cayó en manos de la
tercera potestad, la llamada Ignorancia. Esta interrogó al alma diciendo:
«¿A dónde vas? En maldad estás atenazada; puesto que estás dominada,
no juzgues». El alma dijo: «¿Por qué me juzgas tú a mí, si yo no te he
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juzgado? Yo he sido dominada, pero no he dominado. No he sido
reconocida, pero be sabido que el universo está siendo disuelto, tanto en
las cosas terrenales 16 como en las cosas celestiales».
Una vez el alma hubo sobrepasado la tercera potestad, continuó
ascendiendo y divisó la cuarta potestad, la de siete formas. La primera
forma es la tiniebla; la segunda, la concupiscencia; la tercera, la
ignorancia; la cuarta, la envidia de muerte; la quinta, el reino de la carne;
la sexta, la loca inteligencia de la carne; la séptima, la sabiduría irascible.
Estas son las siete potestades de la ira, las cuales preguntan al alma: «¿De
dónde vienes, homicida? ¿A dónde vas, dueña del espacio?». El alma
respondió diciendo: «Lo que me ata ha sido matado y lo que me atenaza
ha sido aniquilado, y mi concupiscencia se ha disipado y mi ignorancia ha
perecido. A un mundo he sido precipitada 17 desde un mundo, y a una
imagen desde una imagen celestial. La ligadura del olvido dura un
instante. En adelante alcanzaré el reposo del tiempo (kairós), del tiempo
(chrónos), (el reposo) de la eternidad, en silencio».
EPÍLOGO
María Magdalena reveladora de Jesús
Después de decir todo esto, Mariam permaneció en silencio, dado que el
Salvador había hablado con ella hasta aquí. Entonces, Andrés habló y dijo
a los hermanos: «Decid lo que os parece acerca de lo que ha dicho. Yo, por
mi parte, no creo que el Salvador haya dicho estas cosas. Estas doctrinas
son bien extrañas». Pedro respondió hablando de los mismos temas y les
interrogó acerca del Salvador: «¿Ha hablado con una mujer sin que lo
sepamos, y no manifiestamente, de modo que todos debamos volvernos y
escucharla? ¿Es que la ha preferido a nosotros. 18 Entonces Mariam se
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echó a llorar y dijo a Pedro: «Pedro, hermano mío, ¿qué piensas?
¿Supones acaso que yo he reflexionado estas cosas por mí misma o que
miento respecto al Salvador?
Entonces Leví habló y dijo a Pedro: «Pedro, siempre fuiste impulsivo.
Ahora te veo ejercitándote contra una mujer como si fuera un adversario.
Sin embargo, si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla?
Bien cierto es que el Salvador la conoce perfectamente; por esto la amó
más que a nosotros. Más bien, pues, avergoncémonos y revistámonos del
hombre perfecto, partamos tal como nos lo ordenó y prediquemos el
evangelio, sin establecer otro precepto ni otra ley fuera de lo que dijo el
Salvador».
Luego que 19 [Leví hubo dicho estas palabras], se pusieron en camino
para anunciar y predicar. *

—En realidad, no sabría cómo explicártelo, Joni. Pero esa cosa, ni me importa. En este mundo, ahora mismo, ocurren otras cosas un tanto más importantes. Saqueo imperial, europeo, norteamericano, japonés, etc, expolio, explotación de los bancos, de las multinacionales, hambrunas, enfermedades evitables, ignorancia a escala de las masas extraviadas, etc etc y ¿qué hacemos con estas calamidades defecadas por un puñado hijos de puta contra el resto de la humanidad? —

—Precisamente joven rebelde, si no ‘evangelizamos’ acerca del ‘hombre nuevo’, no podremos jamás reconstruir este mundo, esta sociedad sumida en una inaudita jungla de cemento, mucho menos pensar en generar otro mundo posible mejor o en el último de los casos, pensar en hacer otro mundo, diametralmente opuesto a éste. Entonces, ¿qué buscás jovencito contumaz?—

—Nada de lo que persigue la gran manada. Busco, aunque no tenga ni idea si existe o si lo conseguiré, la última mujer, seria, amable, musical, como Tamara Bunke—



*El evangelio según Mariam.
Fuente: Textos Gnósticos - Biblioteca Nag Hammadi II, por Antonio Piñero. Editorial Trotta www.trotta.es
Nota: la numeración del fragmento copto corresponde a las páginas del Manuscrito.