sábado, 30 de enero de 2016

Esto es pura realidad... en las riberas del SuKía:

Yo vivo en una ciudad, a la cual le quisieron poner un puerto en La Cañada. Yo vivo en una ciudad en donde La Cañada se quedó sin puerto, pero el parque Sarmiento se quedó con su faro y su arbolito de navidad. Yo vivo en una ciudad que dice a ccoro eclesial, monasterial, adornado de campanadas pascuales&navideñas, que la tiene mas grande que Rosario. Yo vivo en una ciudad en donde hay mucho, mucho mas motos y autos que niños y niñitas jugando en las plazas. Yo vivo en esta ciudad que tiene una plaza central enrejada y que por las madrugadas, vagabundos y enfermos psiquiátricos, trás su asalto comando, duermen la toxicidad de la desajustada ensoñación del cordooobesismo. Yo vivo en una ciudad, en la cual el ciudadano común, al contrario de la evolución de las especie darwinista, evoluciona hacia el orate, hacia el primate. Yo vivo en una ciudad donde la lengua stone se expresa a través de gestos simiescos y cuarteteros. Yo vivo en una ciudad, donde una locutora psicóloga de la radio universitaria, trata de deslumbrar el oído desprevenido, aludiendo con un simpático sin sentido, megalómano desde ya, tratando de describir (sin lograrlo) el rebuscado rococó en la arquitectura de la docta milenaria. Yo vivo en una ciudad, en donde hay una inmensurable polución de curas, monjas, abogados, que concretas esperanzas democráticas. Yo vivo en una ciudad, donde la voz del interior es solo un monótono y pringoso eco de la genuflexión al poderoso monopolio del malhechor trompetín. Yo vivo en una ciudad, en la cual un cruzado funcionario que enarbola su entretejido capilar, cual enardecido custodio de sepulcros no tan santos, y para que nadie se atreva a dubitar de su valiente hombría, ha encendido la verde luz de la cacería nocturna y diurna de meretrices, travestis, trans, productos últimos de este rincón de ratas del cordooobesismo, que todavía insiste en el umbroso e inhumado catesismo del Consenso de Washington. Yo vivo en esta ciudad de mas de un millón y medio de personas (mucho mas que Rosario..., según la voz del interior: voz dei, la voz clarinista); , que para ser un mejor Intendente que los anteriores, solo basta exhibir el curriculum vitae de un lozano farrista, de un excelso sabedor y correcto degustador de alta gama, de todo tipo de licores y de sustancias legales y de las otras... Yo vivo en una ciudad tutelada no sin cierta vileza, por el medioevo sacerdotal, que es voluntariamente incapaz e impotente de arrojar a la hoguera del conocimiento público, a sus pedófilos, a sus genocidas, que aún persisten en la práctica profesional (bancados por el presupuesto nacional) de aprovisionar el sacramento euscarístico, a los personeros de la dictadura cívico/militar&eclesiástica, condenada hasta su muerte, pero en cárcel domiciliaria. Yo vivo en esta ciudad, en la que con bombos, redoblantes, platillos y fuegos artificiales por la unión cordooobesa, hace un año del señor de la soja..., el contador público de flequillo recortado a lo loquillo por el peluquero del club del barrio Talleres (este) y pretérito militante de "la guerra permanente" de la CBA revolucionaria del '69 & (otrora interventor nacional en provincias norteñas, tórridas, resecas, pero siempre con el buen ánimo renovado por ir chacarereando por estas pampas regenteadas por Monsanto) inauguraron la Nueva terminal de micros locales y nacionales, pero que sus cerebros científicos repatriados de las universidades privadas del menemato, de las fundaciones mediterráneas..., no establecieron ni calcularon con alguna precisión, que desde setiembre hasta mas o menos marzo y debido al cambio climático que provoca (según alguna teoría científica) la soja, su cultivo intensivo, el glifosato (Roundup), el "buen negocio" del desmonte a troche y moche con la topadora judicial/policial (bajo el cono protector de la lesgilatura del cordooobesismo y la servil y de buenas formas, además de correctísimas maneras, la judicatura provinciana), el dióxido de la industria del auto popular, etc, suelen descargarse tremebundas lluviasononones por el condado del señor flequillo (loquillo) y del señor de la soja y por lo tanto, la Nueva terminal de micros locales y nacionales, metamorfosea en una simpática estación terminal gondolera para turistas venecianos. Yo vivo en esta ciudad capital (no muy docta por estos tiempos) de la remembrada *provincia-estado*, única y definitiva isla insigne, saqueada herencia del Pochito aloe vera, donde sus funcionarios públicos, prosternados por ante el divino y rancio altar del cordooobesismo, entonan el mantra: "la corrupción no es de aquí/¡es de allá!/la corrupción no se esconde en el Panal/la corrupción es de BalKarce 50/la corrupción se importa desde el Kalafate/¡queremos diálogo! ¡Queremos diálogo!". Yo vivo en esta ciudad, donde la policía (elemento inescindible del crimen organizado) es juez y parte del reproche penal, de los presuntos delitos administrativos y contravensionales de malabaristas, trapitos, niños, adolescentes callejeros con gorras (terroristas urbanos según el falso ingeniero que tumbó al Congreso de la Nación argentina para elevar a la enésima el garrote del Código Penal) que los comisarios, mediante juicio sumario (con la absoluta ausencia y nula observancia del derecho de defensa en juicio) acusan y condena a la vez (como en los brillosos años 20 del siglo pasado, en la Italia musolinista). Yo vvivo en esta ciudad, donde la policía apalea y gasea estudiantes secundarios, pero que "negocia" alguna que otra valija, alguna que otra billetera con los "barras bravas" del Kaiser millonario, por TV y a la vista de la AFA. Yo vivo en esta ciudad, donde la policía es un azul y fantasmal holograma de la inseguridad (holos: completo). Yo vivo en esta ciudad, en donde un equipo de futbol de cuarta (no obstante su legendaria historia de allá lejos en el tiempo) es beneficiario discresional de la prebenda pública de usar sin costo alguno el mas grande circo del cordooobesismo en el Chateau. Yo vivo en una ciudad, donde la gran cadena nacional de radios *C3*, menemista, derechista, curaca, denostadora cromosómica del Estado, pero que da alaridos de socorro para que el Estado proteja sus "buenos negocios" y que vive rubicunda de buena salud financiera, gracias a que el señor de la soja coloca en sus micrófonos a modo de melifluo lubricante, no menos del 70% (setenta por ciento) del presupuesto provincial para la publicitación de actos de gobierno. Yo vivo en una ciudad, en la cual pongo alrededor de $5.000 (cinco mil pesos) de tasa municipal al año. Yo vivo en una ciudad, en la que el vocablo Poesía está endilgado a vagos y alc oholistas consuetudinarios, desde la esfera municipal y su furia privatizadora de la Cultura. Yo vivo en esta ciudad, en donde la Cultura mas tiene que ver con las litografías del Cerro Colorado ya que el cordooobesismo es el gran espectáculo orfeístico y kempesiano de la *condena3*. Yo vivo en una ciudad, en la que desde las seis de lamañana en adelante, la 810 (AM del grupete reconcentrado trompetinesco) le abre el teléfono popular a la jubilada desde hace cinco años (tras no haber aportado a caja alguna, por mas de treinta años) para que vomite su odio social, inoculado por la TV tinellesca: "¿cuándo la vamos a sacar a esa soberbia?" "¿hasta cuándo el pueblo argentino la va a aguantar?" "¿hasta cuándo esa yegua ladrona no nos va a dejar comprar dólares?" "Petetito..., te habló María... soy jubilada nacional... de Villa..." Yo vivo en esta ciudad, en la que ya no se usa ni se usará mas la gomina, pero el señor de la soja está convencido que la docta es la cocina del mundo de la cocaína..., por eso es que envuelto en el gas-neblina de su fastuoso delirio monumental, creó, cual divino demiurgo celestial (para eso es el señor de la soja) el fuero redentor contra el narcotráfico planetario, pero que en definitiva, solo se trata de perseguir, cazar, al chiquitaje consumidor esporádico, ocasional de alguna que otra snifeada..., para enviarlos a los hospicios decimonónicos del cordooobesismo, que ni si quiera el mismísimo foucault se los hubiese imaginado. Yo vivo en una ciudad, en definitiva, que es la resurrección rediviva del bosque encantado de Sir Walter Scott, que de no haber sido por él, con su fantástica novela histórica: Ivanhoe (1821) el mundo entero jamás se habría enterado de la romántica leyenda del barón Robin Longstride o Robin de Locksley (Robin Hood o Robin de Sherwood) pero que en la actualidad del cordooobesismo del siglo XXI, aquella remota epopeya justiciera de los verdolagas bosques ingleses y que tantos cuentistas revisitaron , representando a lo largo de la longitud inmensurable del tiempo, tal historia hoy retorna al presente cordooobés, ennmarcada en un farsante y grotesco comics neo liberal y que se expresa en la mitología de un simiesco viejo verde, pero no de los bosques cordooobeses (que ya no los hay mas) sino de un galvanizado hombre del quincho: Hood Robin o el señor de la soja.