Para vos Mary Sunshine! que te quedaste sin fantasías, en la jaula oxidada y herrumbrosa de la inopia familiar y en la gris mediocridad del vecindario melifluo, pero de empalagosa provincianía, reaccionario y tan olvidable como la muerte.
1969 - MAPA DE UNA DERROTA
(Novelita – 1ª parte)
-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano? -Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo. -¿A tus amigos? -Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer. -¿A tu patria? -Ignoro en qué latitud está situada. -¿A la belleza? -Bien la querría, ya que es diosa e inmortal. -¿Al oro? -Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios. -Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero? -Quiero a las nubes..., a las nubes que pasan... por allá.... ¡a las nubes maravillosas!-
Poemas en prosaCharles BaudelaireEl extranjero
A MI..
PREFACIO
"Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón de intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven sepa que no todo se compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo."
ENVAR EL KADRI
Es verdad que ya han pasado mas de treinta años. El presente es la vívida memoria de mi derrota... Treinta años de hacer un silencio muy similar a la idiotez. Siento y pienso que hoy es el tiempo de comenzar a decir, a gritar todas las palabras que fui acumulando, en el vacío intrascendente de blancos e inútiles papeles. Creo que siempre me ha sido bueno manifestar y escribir mi parecer aunque no advierta, ni por casualidad, ni a ciencia cierta, en este momento, en este caso, adónde arribaré, desde ahora, con este vómito verval y confesional. El solo hecho de principiar un camino desconocido, me da la oportunidad de enfrentarme, cara a cara, con el destino ignorado.Constantemente vuelvo a mi adolescencia, momento éste, en que todo estaba absolutamente predeterminado por la cultura dominante (culto incondicional de la personalidad, de todo tipo de oportunista, arribista o advenedizo, en la política, en la religiosidad, etc. etc., ¡situación ésta que no ha variado substancialmente hasta el presente!) y por cierto, por nuestros mayores. Fieles servidores del orden imperante.Por ese entonces, la vida era un fenómeno un tanto extraño. Era excesivo y complejo poder descifrar qué ocurría dentro de mi y por supuesto, afuera de mi. Cada paso que daba, cada acción que acometía, se precipitaba indubitable, hacia el mar de las incertezas e imprecisiones.
En ese tiempo, , de los años sesenta y setenta, pululaban ángeles de oscura y tenebrosa latencia, solapados en negras sotanas moralizadoras, entonando torturantes letanías, promesas sibilantes de castigos ejemplificadores y destierros al mas cruel de los infiernos, a todo aquél jovenzuelo que anhelara un Mundo mas justo, mas solidario, mas vivible, calificándonos entonces, de “anormales diferentes”. Por eso es que los verdes olivas, los ridículos entorchados Generales de la Nación, las negras sotanas, los empresarios llorones y esclavistas, sostenían empapados en un atavismo exasperante, que nada debía cambiar ni transformarse. Por ello es que la lucha por la Liberación, la justicia distributiva, el Socialismo, la solidaridad, todo eso y mucho mas, era el verdadero Pecado capital. Por ende, la sumisión y la explotación, (Democracia representativa) el “círculo virtuoso” de donde jamás debíamos quitarnos, ni romper, ni liberarnos (la alianza de clases del peronismo..., ¡jamás lucha de clase!).
Por esos días que solo presentaban un aura de una irresponsable desorientación... y transitando sin ningún tipo de rumbo preelaborado, meditado, creo hoy con total convicción que al igual que yo, nos observamos insertos involuntariamente en ese “Gran Plan” pensado, elaborado, sitematizado y ejecutado, en donde y por el cual, desde el Estado corporativo, autocrático, tutelar, por medio de Funcionarios autoritarios y corruptos, enquistados en un sistema de privilegiaturas y sin obviar, a sindicalistas recaderos infames y mendaces, periodistas mercenarios, curas cínicos y pederastas, milicos místicos, chauvinistas, empresarios negreros y lastimeros y una gran mayoría “silenciosa” (la pretensiosa y presuntuosa clase media) que los servía incondicional y filedignamente, persistían en corromper una Democracia hueca, vacua, errática y reducida a servidumbre, por ante diversos organismos financieros multinacionales y además, ante aquellos grupos sociales-políticos “criollos” que arraigaban sus garras parasitarias, en la candidez e ingenuidad reaccionaria argentina, “nacional y popular”, arrastrándonos hacia el subsuelo de la despersonalización y la desafectación de nuestra realidad palpable, tangible, documentable..., queriendo compulsivamente reconvertirnos, mimetizarnos, incorporarnos al auténtico “ser nacional”, cristiano y occidental.
esa era la idea gestual-política preconizada desde los estrados y medios oficiales, como el único, definitivo y correcto, camino a seguir.
Al mismo tiempo y como una despiadada expresión de cultura “democrática” y como un real y verídico soporte instrumental de semejante tenor fascista, la persecución, el contralor abusivo de la poli, violenta y envilecida, se las tomó, mediante un accionar vitando y criminal, contra las ansias, surgidas de una poderosa pulsión vital de liberación sexual..., devenido de la consciencia objetiva de percibir que era posible construir un ser individual, autónomo, independiente,solidario y refractario a todo tipo de injusticias sociales, políticas y económicas.
Por esos días de los sesenta y setenta, la cultura hippie, libertaria, neoanarquista y mas aún, los mas amplios sectores juveniles que sin ser nada de ello, revolucionaban estrepitosa, alterando histéricamente a la sociedad de perversa doble moral y conducta del occidente, cristiano y presuntamente libre.En esa psicoactiva y turbulenta década de los 60*s configuraba todo un juvenil ideal militante y combatiente, plantearse la utilización del sexo, de manera placentera y gozosa, sencillamente porque el cuerpo y el deseo, no les pertenecía, naturalmente, no les pertenece ni al Estado ni a los sotanudos. La creciente consciencia que la “representatividad institucional y política”, no servía mas, no era ni honesta ni decente, era mierda concreta. Había que generar otro tiempo, otro espacio, otra sensibilidad, otra percepción de la realidad..., otro mundo con toda esa enorme y poderosa arma transformadora y revolucionaria que es la optimista rebelión juvenil.
Al entender, al comprender, con algún grado de certeza, acerca de qué ocurría a su alrededor, esos sectores de moral purulenta, milicos, curas, empresarios, sindicalistas que tanto ayer como hoy continúan siendo “patrones millonarios” de obreros empobrecidos, dirigentes políticos, de dudosa moral e intelectualidad, se apropiaron, mediante argüidades rastreras, desde ese momento y hasta nuestros días, del pleno dominio y control autoritario de la política, la economía, los medios de comunicación, es decir, ¡el Poder total!
Es cierto, también que la idea de Dios, fue para muchos adolescentes, incluido yo, un verdadero problema de fatigosa aclaración. Desde aquél entonces, es absolutamente cierto que en la medida irrevocable del transcurso del tiempo, con sus diversas y variadas alternativas, no emergió de mi y en mi como algo pleno y absoluto, algún que otro elemento racional y/o sensitivo-emocional que solventara, de forma eficiente y suficiente, la dilucidación de aquél engorroso y traumático dilema de la existencia supraterrenal de un Dios creador y bondadoso.Desde esos pretéritos momentos de adolescente, he tenido, el inequívoco presentimiento que me ha llevado, sin admitirlo conscientemente, a elaborar un pensamiento postural, acerca de tal circunstancia dilemática. A mi limitado, pero irónico saber y entender, se puede comprobar que existe una cierta simetría conceptual y axiológica, entre un oscuro ejército sacerdotal cuyo rasgo distintivo que se aprecia indubitable, es el cinismo, la mendacidad y la hipocresía del perverso político que ambiciona patológicamente el Poder, para saciar sus instintos mezquinos, soberbios y depredadores. Entonces pues, éstos dirigentes, políticos, curas, milicos, empresarios, sindicalistas, explícita y taxativamente amalgamados con amplios segmentos sociales, advienen irracionales y alineados con un Dios que cuando emana inexorable, sus “sentencias divinas”, le dan vida a un engendro fascista, disimulado y mimetizado dentro de una Democracia frívola y descompuesta; haciendo de nuestras desoladas vidas de ciudadanos mortales y comunes, un almácigO fértil en desdichas. Convirtiendo, entonces, al anhelo de la Libertadd democrática, en una renovada y resplandeciente necrópolis..., en un ineluctable “Imperio del crimen”!
En esos años 60/70,la gigantesca máquina del ocultamiento y de la tergiversación, conducida por Cardenales intrigantes y pederastas palaciegos,Generales de no muy exuberante valentía, jetones, que no cejan nunca en imprecar, empresarios gimoteadores, malvivientes y pseudos-capitalistas liberales que hasta nuestro presente, continúan amasando y exportando tremendas fortunas... (cuando concluía el siglo XX había algo así como ciento cuarenta mil millones de dólares, de genuino origen argentino, como el asado con cuero..., fondeados en bancos europeos, americanos, etc. etc., según los archivos de algunos periodistas e intelectuales argentinos estudiosos profundos de temática tan compleja..., mesurados, honestos, además... y sin contabilizar el formidable drenaje de capitales nacionales, convertibles en dólares..., robo “limpio” e impiadoso de la libreta de ahorro de la abuela..., durante diciembre de 2001 y enero de 2002 y apenas principiado ¡el siglo XXI!) y que no son otra cosa que producto mal habido de licitaciones públicas (negocios expúreos con Funcionarios de Gobiernos elegidos, no tan libremente por el pueblo ya que éste carece, en un importante e insoslayable grado, de las mas elementales herramientas que proveen la Educación y la Cultura..., autonomía, independencia y ¡Libertad! Y en criminal complicidad con dirigentes de partidos políticos anacrónicos, fosilizados, cadáveres en franca descomposición, listos ya para inhumarlos en el hosco cementerio del olvido, encaramados desde las sombras desde siempre y hasta nuestros días, al Poder institucional del país y además, esas descomunales fortunas exportadas (impune saqueo patrimonial del país) por nuestra vernácula dirigencia..., también fueron el resultado de infernales procesos inflacionarios, quiebras fraudulentas (con el pláceme de innumerables magistrados(, y con salarios de miseria y de explotación; quizá, semejante drenaje de capital nacional, también sea la expresión física mas notable de algo que en Argentina aun se continúa negando,¡la plusvalía!Toda esta gente..., ¡”linda gente”! nos presentaban perversamente, por aquellos días (¡y por éstos también!) la maqueta innegociable, vigilada por las FF.AA., de su proyecto esquizofrénico de Nación, al cual, debíamos, sumisamente en silencio patriótico, acatar, obedecer y practicar.
Mi percepción, mi sensibilidad y mi pensamiento fueron solidificándose simultáneamente, conforme transcurría el barroso y sangriento tiempo de los sesenta y setenta, con las reflexiones, a las cuales me conducían la obra realista, naturalista y simbólica de James Joyce y la desilusión, la desesperanza provocada por fenecidos valores humanos y que también vislumbró Hermann Hesse en su búsqueda incesante de una nueva espiritualidad que justificara nuestra existencia, a través del dualismo simbólico y el psicoanálisis de historias como la de Harry haller, que no era mas que su propia historia, (que sería la mía, también y la de miles de jóvenes secuestrados, torturados, asesinados, desaparecidos, por los que hasta hoy aún callan, niegan y reniegan sus crímenes, tanto militares como los mismísimos partidos políticos burgueses y patronales…) y que con sus constantes diatribas a sus patrias natales (Irlanda y Alemania respectivamente), y en medio del caos y el terror de la guerra mundial, debido al patológico chovinismo nacionalista dominante, fueron forzadamente a despojarse de su nacionalidad y transformarse en”apátridas” suizos. Ámbos fabulosos e incuestionables escritores, desde esos tumultuosos momentos de adolescente, me alumbran mi claroscuro exilio interno de mis actos y mi pensamiento y me devuelven mi propia imagen, construida por los diarios, las radios y la TV de “los dueños de la Argentina” (el Gran Hermano), de paranoico delirante (extranjero) subversivo y terrorista aniquilado, pulverizado y derrotado... (¡el Otro negativo!).
La fiesta por los “logros nacionales” del Operativo Independencia (Tucumán 1975) aún perdura, aún continúa en los dorados salones de la dirigencia nacional y popular de la Argentina (neoliberalismo y su sombra mercenaria... (el neoprogresismo porque…, se acabaron los balazos!) solo que en estos momentos, la festichola democrática y representativa de los triunfadores, se realiza sobre las cabezas sin futuro ni esperanzas, de miles de millones de miserables de toda miseria y que se apiñan sobre los cristales iluminados fabulosamente por el cinismo “patriotero” de la Democracia representativa, republicana y federal..., para observar los obcenos banquetes del Poder, hundidos hasta las rodillas en el estiércol del hambre, la ignorancia, el hacinamiento y la enfermedad
Tras haber estado involucrado directamente por mas de treinta años (en emisoras de radio AM y FM cordobesas, Poder Judicial..., etc. etc.) con hechos, cosas y personas, en innumerables e incontables situaciones, contingencias y/o circunstancias favorables y de las otras..., tras haber cometido todo tipo de errores y desaciertos, propios de una arrogancia intelectual vanguardista o de petulantes irreflexiones que solo han sido útiles y propicios para arrojar y colocar a este embrollado narrador, al horizonte mismo de la nada mas absoluta e ingénita y que por lo tanto, no han servido nada mas que para justificar y excusar al fascismo criollo en su despiadada política genocida (plan sistemático de desaparición forzosa de personas) amén de los demás desaparecidos, muertos en los campos de exterminio del neoliberalismo privatizador de los noventa, víctimas irredentas de esos mismos Funcionarios argentinos, genufléxicos y serviles a la dictadura genocida y a los organismos financieros internacionales, excluyéndolos hacia la indigna marginalidad de la miseria de toda miseria y por inevitable consecuencia, lo precipitaron impiadosamente sobre todo tipo de consideraciones fatales y desmesuradamente antagónicas. Basado, entonces, en toda aquella experiencia de marras, que solamente me sirve a mi mismo y que ha sido intención única el mostrarla aquí, desestimando toda especulación conjetural y megalómana que le pueda a alguien serle de algún fructífero y provechoso resultado, ya que el presente de la antedicha experiencia vital y por ende, personal, se ha condensado en un universo desgreñado, en medio de una democracia impropia, infradotada, en donde se enseñorea un gobierno fatulo, cortejado por inservibles e inútiles colaboracionistas... Y solo por recuperar una cierta postura digna e inquebrantable, es que deseo compartir, aquí en este prefacio, el pensamiento de alguien que sin conocerlo cabalmente en toda su humanidad, sintetizó mis sentimientos y mis pensamientos, desde el mismo momento que me presentó a Charo, la novia prostituta de ‘ Pepe Carvalho, su perra Bleda (blandengue en catalán)..., el cual desde ese instante fragmentado de mi vida, MVM ese “animal de pluma”, al decir de Juan Madrid, hechó luz y vervos, acerca de encontrarle y enderezar el sentido de un episodio desastroso, horrendo y sin ninguna posiblidad de revertir, para que la esperanza transparente y cierta, sea una probabilidad contundente y concreta... aunque la muerte no sea el fin y la eternidad no sea mas que un vocablo insensible que expele algún agujero negro (metadona o capitalismo que es lo mismo) ) para que no nos ahoguemos en la angustia de un espantoso terror. Es mi intención señalar que mi “novelita”, No es el producto bien intencionado, tal como es dable esperar en los creadores literarios de un ajustado y elevado criterio artístico, deben saber, de principio no mas, que no es una hagiografía de nosotros los “nom santo”, un desorbitado y errático relato de las penurias y tribulaciones a las que la reacción fascista nos sometió, a toda una generación de “jóvenes idealistas”... (como argulle la “nueva política” en la actualidad) sino todo lo contrario, es una contra-anti-hagiografía de toda una generación de jóvenes que como yo, descreyó y que aún descree, desde la perspectiva política liberal burguesa, implantada a base de torturas y desapariciones de personas por la dictadura genocida de marzo de 1976 y aclamada de rodillas por la democracia representativa de diciembre de 1983; de sus cacareados presuntos “valores democráticos y populares” ya que los “dueños de la Argentina” se aferran con las uñas de sus dedos ensangrentadas, con los dientes postizos (robados a algún torturado, obviamente antes de ser arrojado desde algún avión militar clandestino al Río de la Plata...) y con las uñas de los pies, decorados con ingeniosos “hallus valgus”..., a la “institucionalidad republicana y democrática” ya que la misma institucionalidad les suministra, sin reparos morales ni jurídicos, los “generosos” despachos del Poder para saciar su voracidad patológica del lobby benefactor y eterno para concretar sus “buenos negocios” con el Estado..., es decir, ¡con la renta nacional! O para mejor decir, con la PLUSVALÍA obrera recaudada por el Banco Central! Argentino y popular! Sería implacablemente tedioso, ríspido y agotador en grado sumo, ennumerar, en detallar la grilla de nombres y apellidos de personas físicas, empresas, sociedades anónimas que están colgados con sus corrompidos dientes de la “teta” del Estado... cuando todos, todos, todos, sabemos a consciencia incontrastable que la tal mentada y veleteada “institucionalidad republicana y democrática” (asociado, no tan lícitamente con esos identificados sectores que discursean a los cuatro vientos, su liberalismo innegociado e irrenunciable..., cuando sus “buenos negocios” le producen ganancias tremebunda en su tasa de rendimiento, pero cuando la cosa va mal..., comienzan a dar alaridos terroríficos de auxilio y socorro ya que se ven destetados, precisamente de la “teta” del Estado...., haciendo que ese mismo Estado que “los dueños de la Argentina” hacen lo imposible por aniquilar, pero que irremediable y enfermizamente aquél se lanza en su salvataje..., al mismo y simultáneo instante, arroja sin escrúpulo y miramiento alguno, a no menos del 30% (treinta por ciento) de la población argentina (¡hermanos nuestros!) al escarnio irreversible de la desaparición fcivil forzada..., a los campos de concentración del hacinamiento, el desempleo, las enfermedades, el aborto, etc. etc.
Aquellos jóvenes (¡hermanos míos!) murieron combatiendo y empuñando un fusil..., ¡fusil que no me atreví a empuñar! Había que descontruir (aniquilar) a la democracia representativa de la dirigencia ultramontana, conservadora de privilegios irritantes, de gerontes lascivos y represores que como ayer, hoy también continúan inexplicablemente “ganando elecciones”, luego de haber “transmigrado” hacia la protectora y beneficiosa estancia que prodigan a ciertos “conciudadanos”, nuestra liberal Constitución Nacional. No insistiré en volver a señalar la solidificada y corrompida etiología de nuestra democracia, hija bastarda de la dictadura genocida... (basamentada, según y desde el concepto inglés del vocablo, en un subsuelo, en un subterráneo de lodo, huesos, sangre y barro de los campos de concentración y exterminio de personas... “lugares de reunión de detenidos” (LRD) del Operativo Independencia, “escuelita de Faimallá” de Tucumán en 1975... (en un número no inferior a las mil quinientas personas, “pasaron” detenidas, torturadas y desaparecidas en los “LRD” durante el Operativo Independencia en 1975 en Tucumán, Argentina... ¡la patria de Dios! Y mientras regían los sagrados preceptos liberales y garantistas de nuestra Constitución Nacional y los de un gobierno popular elegido libre y soberanamente...) o dicho en términos políticos-sociológicos mas presuntuosos, desde el bruñido e irrebatible pensamiento oralizado de un politólogo de “The Establishment” progresista (nueva política del siglo XXI) “etapa superior de la dictadura” ya que seguramente caeré irremediablemente en un lugar común.., expresando, tal como lo hace el pensamiento hegemónico y oficialista cuando se dirige demagogamente hacia las nuevas generaciones... ¡algo hay que hacer con nuestra patria! ¡debemos sacrificarnos por la Argentina! ¡Debemos retomar el sendero de la independencia política y la soberanía económica como nos señalaba el General! En absoluto quiero olvidarme de los autodenominados “artistas populares” de Argentina... y sin intentar construir algún que otro melindroso relato historiográfico del sector..., porque está clarísimo que éstos ahora se exponen como “únicas víctimas” de la dictadura y desde 1983 se encuentran en “relación de dependencia” laboral con los gobiernos de turno para aventar su paupérrima ventas de discos, libros, etc. etc. e ir tirando de un modo u otro en la jungla competitiva de la industria de la música o del negocio editorial... reconvertidos en “opinadores progues” y haciendo montañas de dinero con algún pariente, amigo, conocido... torturado o muerto por la dictadura..., haciendo objetivo al proverbio popular... “en el país de los ciegos...”. Solo cabría formularse un par de ingenuas y cándidas interrogaciones...: ¿dónde estaban en 1977 que no acompañaron ni protegieron con sus vidas desde el primer momento a las Madres que “solitas mi alma”, enfrentaron con decisión, sin pudor y sin miedos algunos a los militares criminales y sus cómplices civiles? ¿dónde estuvieron “los trabajadores de la cultura nacional y popular” para oponerse con sus vidas “progre”, a los arrestos asesinos de una podrida cúpula “nacionalista” y fascista que envió indolentes e iresponsable, a una muerte segura e inevitable, a miles de jóvenes en abril de 1982? ¿dónde estaban los “artistas nacionales y populares”, esos mismos que durante el circo salvaje del neoliberalismo de los noventa, arriaron sus bártulos repletos de protestas mendaces y se ocultaron en “barrios privados cerrados” (countrys), cuando una Alianza de pusilánimes, ordenaban el apaleamiento y los fusilamiento a mansalva durante los días 19 y 20 de diciembre de 2001 en Plaza de Mayo? Por último, es imprescindible consignar que este ignoto narrador, como al decir de Jorge Luis Borges... no es nada mas que “un mero escritor de un mero país”. Vayamos pues, a un verdadero, genuino y lúcido pensamiento...:
Por Manuel Vázquez Montalbán
Una conferencia en Alicante, en enero de 2001Cultura y políticaPocos intelectuales ha habido tan multifacéticos como el recientemente fallecido autor de este artículo, amigo y frecuente colaborador de El Dipló, quien no sólo ejercía de notable escritor de ficción, biógrafo, ensayista, poeta, gastrónomo, cronista y columnista, sino que descollaba en todos y, además, era un infaltable compañero en cualquier acción por la libertad, la igualdad y la paz. Un renacentista del siglo XX.
Quisiera hacer una sencilla reflexión acerca de la relación existente entre cultura y política. Una relación que durante largo tiempo ha afectado a los debates tanto de la izquierda como de la derecha y que, últimamente, ha vuelto a salir a la palestra a través de un comentario de Jorge Semprún, ex ministro de Cultura, cuando ha dicho que es muy consciente de que desde una determinada práctica política, desde una determinada práctica ministerial no es posible condicionar la libre dinámica de la cultura, que la cultura está por encima de los posibles condicionantes políticos que se le puedan colocar.Se trata de una actitud muy consciente por parte del ex ministro porque fatalmente, en el desarrollo de la historia así se ha producido. La política no ha podido contener a la cultura, aunque sí ha podido tratar de ponerle trabas o ha podido tratar de instrumentalizarla, ha podido tratar de adjetivarla.Quisiera referirme a dos tipos de concepción cultural; una a la cultura como patrimonio; otra a la cultura como conciencia.La cultura como patrimonio es el largo río que llega a una determinada generación de seres humanos, un río que le transmite valores morales, estéticos, ideologías, historificaciones, símbolos. Es decir; todo un patrimonio de carácter cultural que han elaborado las generaciones anteriores y que se recibe, se presenta y se acepta si se tienen mecanismos de aceptación cultural, si se tiene un territorio posible de incidencia entre esa contribución cultural y el receptor de esa inmensa propuesta. Todas las situaciones revolucionarias han tenido una carga profunda, cuestionadora del pasado y han establecido una cierta cuarentena en torno a ese patrimonio cultural, tratando de verlo como a una cultura elaborada por las antiguas clases dominantes, una cultura elaborada por las clases que han detentado el control de la historia y que las nuevas clases, las clases que han pugnado, las clases ascendentes que han luchado por subvertir la situación para provocar el cambio, se colocan frente a ella a la defensiva, la colocan en cuarentena y, en un primer momento, tienen la tentación de sentenciarla como una cultura de clase, como una cultura vieja, como una cultura ligada a una concepción del mundo de los antiguos, como una concepción de los enemigos vencidos en esa subversión, en ese asalto al poder.Esa ha sido la actitud general de los grandes hechos revolucionarios, tanto la Revolución Francesa como la Revolución Soviética de Octubre, el colocar en cuarentena la cultura que se heredaba y denunciarla como una cultura feudal, que pertenecía a la clase derrotada. En la Revolución Soviética, apareció la tentación (denunciada inmediatamente por lo cerebros más lúcidos de la revolución), de denunciar la cultura heredada como una cultura tradicional de clase, que debía ser aniquilada y sustituida por la nueva cultura, la cultura de la clase ascendente.En la Revolución Soviética, sin duda la revolución más radical que jamás se ha dado, se dio la famosa polémica entre cultura proletaria o cultura de clase. Algunos de los teóricos culturales de la Revolución se plantearon el tema como una política de tabla rasa, una política de erradicar la herencia cultural de los antepasados y sustituirla por la elaboración cultural de la nueva clase, de la clase que se ha hecho con el poder. Frente a esa posición de los defensores de la cultura proletaria aparece el mismísimo Trotsky con una agudísima defensa del patrimonio cultural, diciendo que la cultura, precisamente por el cambio político que se ha producido, ha dejado de ser cultura burguesa y se ha convertido en cultura humana. Por lo tanto, de lo que se ha de preocupar la Revolución es de que los valores de esa cultura sean asimilados por el conjunto de las fuerzas que se han hecho con el poder y que inauguran un nuevo período histórico.Romper la barrera mercantil
Tenemos pues ahí un principio de tratamiento de la cuestión en el sentido de que lo que da un carácter determinado y en algunas circunstancias regresivo al patrimonio cultural no es el patrimonio en sí mismo, sino por una parte la instrumentalización del patrimonio por las fuerzas regresivas y en segundo lugar la imposibilidad por la organización social y por la organización de la vida de que ese patrimonio sea asumido realmente por la mayoría de la sociedad en un momento en que hay unos instrumentos sociales de comunicación, de extensión de ese patrimonio cultural, de esa cultura asumida que la hace suya el conjunto de la sociedad. Eso se puede conseguir a partir de instrumentos tan aparentemente simples, a partir de “huevos de Colón” tan obviamente colocados en posición vertical como una política de extensión de la lectura a través de las bibliotecas, con una política de acercamientos a las artes a través de favorecer la posibilidad de su práctica, la posibilidad de su visión; con una política cultural que rompa las barreras de una organización mercantil de la cultura, que es la que limita en definitiva que la cultura sea de usufructo de un sector social determinado.Cuando se rompen esas barreras, esa cultura patrimonial puede ser asimilada por cualquiera, y con esa simple comprobación ya se destierra o aniquila cualquier posibilidad de adjetivarla y convertirla en una simple cultura de clase.Pero luego está la cultura como conciencia, que es quizá la forma más omnipresente de cultura. Diría que todos los seres humanos tienen cultura desde el momento en que pueden ser conscientes de su situación y de su relación con los demás y con la naturaleza. Y de ahí se generan una serie de concepciones culturales que van desde la necesidad de comprender la práctica laboral, la cultura del trabajo a través de cualquiera de sus manifestaciones. Todo lo que es conciencia de ser, conciencia de existir, conciencia de relacionarte con el mundo y con los demás. Por eso, cuando en muchas ocasiones y en determinadas posiciones de una cierta exquisitez o de un cierto elitismo cultural, se distingue entre los que tienen y los que no tienen cultura, se está cometiendo una grave arbitrariedad y una grave confesión de analfabetismo. De hecho, todos los seres humanos capaces de adquirir conciencia de lo que son y de lo que hacen, y, sobre todo, los que alcanzan incluso la posibilidad de adquirir conciencia del papel que representan en las relaciones con los demás, en las relaciones de transformación con la materia, tienen cultura, eso es tener cultura. De ahí que no se pueda de hecho expulsar del reino de lo culturizado a casi nadie.Frente a éstas dos concepciones, de una parte la cultura como patrimonio y de otra la cultura como conciencia, han habido tradicionalmente dos políticas culturales, es decir, dos intentos de manipulación, de estructuración, de organización, de conducción hacia una finalidad social-política e histórica tanto de la cultura como patrimonio, como de la cultura como conciencia.Reacción vs. progreso
Por una parte, la política cultural de la reacción. Doy a esto una categoría generalizable y globalizable, exterificable; es decir, todo lo que a lo largo de los siglos se ha constituido en reacción ante los avances de las fuerzas de progreso; el propósito de coger la cultura como patrimonio y la cultura como conciencia para integrarlo en un cuerpo de verdades establecidas, en un cuerpo de verdades defendidas por el poder y convertir de hecho el acceso a la cultura en una manera de integrarse dentro de una mecánica de comunión con lo ya establecido. Esto, de modo tal que en un momento determinado pudiera llevar a afirmaciones como “la bondad” de lo ya recibido; “la bondad” o “la fatalidad” de lo evidente y, por lo tanto, el rechazo de cualquier tentación de cambio y de cualquier tentación de subversión. De hecho, la política cultural de la derecha, la política cultural de las fuerzas de la reacción, ha tendido en el mejor de los casos a la cultura como integración, cuando no (en situaciones de desesperación histórica y de desequilibrio de fuerzas que operaban en su contra), incluso a la mutilación de la cultura, o al control dictatorial de la cultura, o incluso a la aniquilación, a la falsificación o mistificación de la cultura, que es la característica de los períodos fascistas.¿Qué política cultural han seguido las fuerzas de progreso? En general, parten de una toma de conciencia y por tanto de una posición cultural crítica que condiciona, que cuestiona lo establecido y que trata de cambiarlo con una idea de transformación a lo positivo. Esto en cuanto a la cultura como conciencia. Pero en relación a la cultura como patrimonio, la actitud de las fuerzas de progreso (en concreto, y en el marco de las coordenadas del siglo XX, la actitud de la izquierda en relación con este tema), pocas veces se ha pasado del terreno de la instrumentalización; pocas veces se ha pasado del terreno de coger este patrimonio cultural para tratar de hacerlo cuadrar con sus propias coordenadas de carácter político, con sus necesidades inmediatas de carácter político. Y tanto respecto de los sistemas de valores como de los sistemas simbólicos; de los sistemas que pueden transmitir una determinada carga de valores, como de sus practicantes o como de las llamadas fuerzas de la cultura, pocas veces la izquierda ha ido más allá de un simple juego de instrumentalización, de un simple juego de hacernos entrar dentro de una determinada estrategia en la cual figuras de la cultura cumplían un papel de ilustres convidados de piedra; de invitados a una situación histórico-épica determinada. Pero pocas veces su papel ha sido analizado, pocas veces su papel ha sido comprendido dentro de una dinámica auténtica, en profundidad, de progreso.Apostar por un juego alternativo
Yo diría en cambio que otra de las posiciones clásicas de la izquierda respecto de la política cultural ha sido la denuncia de las maldades perpetradas por la derecha en ese terreno, el terreno de la organización de la cultura. La izquierda, las fuerzas de progreso, se han movido entre la instrumentalización y la denuncia de lo mal que lo hacían sus antagonistas históricos, pero rara vez se han creado las condiciones o se ha tenido la clara conciencia de apostar por una disposición cultural, por un juego cultural realmente alternativo, por una política cultural alternativa en profundidad.Diría entonces que cualquier posible programa de política cultural de la izquierda, de las fuerzas de progreso, tendría que pasar primero por la asimilación de la cultura patrimonial, por la asimilación sin reservas de la cultura patrimonial, por una facilitación de la lectura sin reservas de todo lo que ha sido cultural, de todo lo que ha sido cultura. En segundo lugar, por el fomento del papel modificador de la conciencia crítica: la obligación de las fuerzas de progreso no es frenar, controlar o encauzar desde un sector privilegiado de conciencia política la dinámica cultural, sino favorecer todo lo que es el papel modificador de la conciencia crítica, de la cultura crítica. En tercer lugar, hacer un análisis de cómo una política cultural de progreso tiene que tener en cuenta indudablemente el fomento de una conciencia de clase como una forma superior de cultura, desde una concepción que la izquierda puede tener del desarrollo de la historia.Pero esto con la conciencia de que una política cultural progresista debe tener en cuenta el grado de desarrollo actual de la dinámica histórica, de la dinámica política dentro de una concepción globalizadora de progreso, lo cual obliga a un esfuerzo titánico para la izquierda: el replanteamiento del sentido mismo del progreso, de un nuevo sentido del progreso.He recurrido muchas veces a una afirmación que me parece muy clarificadora y que no es mía, ni siquiera de un hombre alineado políticamente en una formación política de izquierda concreta; es de Jean-Paul Sartre, cuando en cierta ocasión afirma que la gran elección de nuestro tiempo va a consistir entre el socialismo o la barbarie. Ya al plantearse esa elección, Sartre está sintetizando en una relación entre dos palabras separadas por una disyuntiva dos culturas diferentes, dos sentidos de la relación histórica diferentes que engloban a los sistemas de organización de la vida, de la producción, de las relaciones humanas, basada una en la anarquía del beneficio, en la anarquía del logro de la satisfacción material para las minorías conductoras de la historia, para los sectores dominantes de la historia y otra, el socialismo, planteado precisamente como la racionalización que se enfrenta a esa barbarie, la racionalización que crea nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones entre los hombres y las cosas, es decir una nueva cultura, una posibilidad de una nueva conciencia del papel del hombre en la realidad. El socialismo se plantea entonces como una auténtica encrucijada cultural en la cual se producen todas las claves y todas las connotaciones que dan sentido a un tránsito dialéctico cultural.T.S. Elliot ha sido un excelente, un extraordinario poeta de la derecha, y al mismo tiempo, un extraordinario crítico de la derecha. Ha dibujado muy precisamente lo que significa cada situación cultural asumible por cada contemporáneo. Lo cultural, visto desde la óptica del contemporáneo, es la comprensión de que el hecho cultural se perpetúa, se continúa a partir de un relevo dialéctico entre tradición y revolución. Hay una tradición cultural de cada época que choca con la conciencia crítica de la época; y de ese choque dialéctico entre tradición, entre el patrimonio cultural que heredamos y la conciencia crítica, se produce la posibilidad de continuidad. Elliot estableció esa mecánica de comprensión de la cultura profundamente dialéctica, que debemos agradecerle.Yo diría pues que desde esta apuesta por una cultura de progreso (que como trataré de explicar y como quizá la historia pueda ratificar, no tiene por qué ser exclusivamente de izquierdas), la izquierda y las fuerzas progresistas en general, al asumir la tradición asumen el patrimonio cultural y al apostar por la revolución, al apostar por el cambio ligan a ese patrimonio cultural esa conciencia crítica a la que me he referido.La batalla por la supervivencia
Pero para ligar esa conciencia crítica han de presentar, han de ofertar al público de nuestro tiempo un sentido de progreso basado en una idea fundamental, que está emparentada con esa afirmación sartreana de socialismo o barbarie: la necesidad de sobrevivir frente a las tendencias destructivas. Dando a la supervivencia no el sentido cínico que podrían darle los que tratan de sobrevivir a cualquier precio, sino el de convertir la supervivencia en un acto humano excelso. La inmensa mayoría tiene que defenderse frente a todo lo que conspira contra la supervivencia desde una determinada organización de la sociedad y de la producción; frente a todo lo que apuesta por el exterminio, en una apuesta por la sedición de los más débiles contra los más fuertes, por la necesidad de una nueva reglamentación de tránsito de las conductas, de tránsito de las moralidades a lo largo y ancho de la Tierra.Este sentido de cultura del progreso, esta reivindicación fundamental de sobrevivir frente a la contaminación atmosférica, frente a la contaminación de las conductas, frente a las políticas belicistas, frente a todo lo que es tendencia a destruir para que sobreviva una vieja cultura, para que sobreviva una vieja conciencia, un viejo sistema de valores ligado a la explotación del hombre por el hombre, tiene que apuntar a cuatro objetivos básicos.Igualación, liberación y paz
Una vez ganada la batalla por la supervivencia –el primer objetivo– y en relación continua con esa necesidad, el segundo objetivo es una cultura de la igualación, que no equivalga a una cultura de la uniformidad, a una cultura del uniforme, sino una cultura que atienda a la satisfacción de las necesidades, entre ellas, de las culturales de todos los seres humanos.El tercer objetivo es una cultura de la liberación, de lucha contra la alienación y no en el sentido más clásicamente marxista (el de que el hombre al no poseer los medios de producción no posee realmente lo que realiza y se distancia del producto que ha elaborado), sino a la alienación en el sentido más total: la liberación de la tendencia a las religiosidades negativas, a las religiosidades no terapeúticas, a las comuniones que aniquilan la capacidad crítica y la distancia crítica con respecto a la misma práctica; es decir, la desalienación en el sentido de total libertad de las conductas tanto colectivas como individuales en el terreno de la política, o desde el terreno de la política hasta el terreno de la moralidad pasando por el terreno de la sexualidad.El cuarto objetivo es la reivindicación de la paz como un valor supremo cultural que implica una determinada concepción fundamental de lo que es el hombre, de lo que son sus relaciones con los demás, de lo que es la organización de la vida social y de lo que es la organización de las relaciones económicas. La reivindicación de la paz, que en estos momentos se convierte en uno de los objetivos culturales y políticos fundamentales. Es necesario plantear la necesidad de reflexionar sobre hasta qué punto lo político y lo cultural en esta reivindicación concreta se convierten en una identidad indestructible, se basan en la denuncia de que la guerra latente, la guerra latente como valor cultural es una apuesta ideológica por la contrarrevolución; es decir, la amenaza de la guerra apuesta por el miedo, apuesta por una cultura del miedo que paraliza las conciencias, que las hace más cobardes y que por lo tanto las hace conservadoras y como consecuencia las hace apostar por aquellos valores culturales transmitidos más seguros, más consoladores, más reaccionarios. En contradicción con eso, la reivindicación de que la paz es revolucionaria, de que la paz es una apuesta por el cambio porque en definitiva la paz apuesta por un desarrollo de las energías creadoras del hombre, por su libertad de expresión, de realización, por su libertad de transformación no condicionada por el trauma ni la amenaza de la guerra.Yo diría entonces a la izquierda o las fuerzas de progreso que deben comprender esa apuesta por la supervivencia, por la igualación, por la liberación y por la paz a la que están convocadas la inmensa mayoría de las fuerzas humanas en cuanto salgan de una cierta alienación, la alienación de una ideología que les ha transmitido que luchar por el cambio es luchar por la destrucción del mundo al que aman. En cambio, creo que luchar por el cambio es una forma como otra de luchar por el mundo que amamos, por la tradición que asumimos, por el patrimonio cultural que asumimos. Por eso digo que las fuerzas de progreso son inmensas, son mayoritarias y que en el momento en que esas fuerzas sean conscientes, tengan una cultura de que son una conciencia, de que son una fuerza de progreso, entonces quedarán definitivamente aisladas las fuerzas que son de retroceso, que son fuerzas reaccionarias, fuerzas de apuntalamiento de un viejo orden que ya no construye, sino que paraliza y que, en definitiva, destruye.Violar los códigos
Las fuerzas de progreso tienen que tener una doble actitud ante cualquier posible intento de construcción cultural. Primero, la defensa de su conciencia, de su propia conciencia; y segundo, luchar contra el miedo como valor supremo cultural e ideológico que en estos momentos nos transmiten: miedo a que el obrero negocie una cierta reivindicación porque puede perder un puesto de trabajo, por ejemplo. Eso es cultura, eso es trasmitirle una conciencia de miedo, eso es colocarle en una situación de obligada austeridad, condicionada por los que pueden manejar el mercado ideológico del miedo, transmitirnos la idea de que la noción de progreso que hemos recibido no la podremos cumplir, el miedo a no poder ser felices según las pautas de unas determinadas jerarquías de valores ya completamente inservibles. Luchar contra ese miedo, es decir luchar contra todo aquello que hipoteque la investigación del futuro, la investigación de la realización del hombre en el futuro a través de las propias energías como individuos y como seres asociados a los demás. Y la lucha por la extensión de los patrimonios, la lucha porque los patrimonios culturales estén al alcance de la inmensa mayoría…Yo ligaría esto último con el tema de la cultura de vanguardia. Es función de la izquierda el colocarse en una posición de defensa o de comprensión de lo que es la violación de los códigos, porque la cultura en los terrenos de la creatividad, de las artes plásticas, de la literatura, poco sería si se quedara solamente en la asunción del patrimonio, en un simple enfrentar a ese patrimonio una cierta conciencia crítica; poco sería si no se plantease la violación de los códigos lingüísticos, si no se plantease ante todos nosotros como un desafío, como la necesidad de aprender a leer en cada propuesta de creatividad.Así pues, podemos ir desde una reivindicación radicalmente ideológica, como la lucha contra el miedo, hasta una reivindicación radicalmente estética, como la defensa de la violación de los códigos lingüísticos… El campo es tan inmenso, alcanza tantos niveles, que lo que me sorprende es que hasta ahora lo que básicamente la izquierda y las fuerzas de progreso han hecho por asumir esta relación entre política y cultura se haya quedado simplemente en el terreno de la instrumentalización o simplemente en el terreno de la denuncia de lo que hacen los demás, de lo mal que lo hacen los demás. Ante este programa profundo e irrealizado, asumido teórica pero mínimamente todavía, yo me planteo que posiblemente el esfuerzo inicial de las llamadas fuerzas de progreso debe ser cambiar su propia cultura ante esta temática y asumir lo poco que han avanzado en este terreno.
Manuel Vázquez Montalbán Escritor.
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