Para vos, Mary Sunshine (que no supiste ni entender ni comprender)
JULIA.
- es cierto, no sirve de nada -
El viento soplaba desde el noreste. Arrastraba las insensibles pertenencias de los ecos apocados y los gemidos sordos de los que van a partir. Rara vez, los vientos de cualquier punto, se muestran indulgentes con la alegría de los reencuentros.
- Dígame su nombre completo...- - ...su número de identificación... -
La tarde de junio, ni si quiera revelaba, alguna similitud o congruencia con la estación climática que se avecinaba. El fastidioso viento del noreste, arrastraba idiota, el polvo mórbido de tantos años de abandono. Los rincones de la deslucida y majestuosa, en los tiempos pasados, terminal de trenes, sucios de hojarasca, con natural comportamiento, albergaban los sonidos quejumbrosos de aquellos viejos trenes, a los cuales ascendía con emoción vibrante, por imaginar una tremenda aventura sin igual y que de ella, sería su único protagonista principal.
Verdad que era preciso deshacerse de tan contradictorio encuentro. Si bien no estaba decidido del todo, ya que uno siempre está con la inexcusable necesidad, de ir trás la exoneración de insufribles y contumaces contradicciones de consciencia, haciendo que nos revelemos como vulgares personas irresolutas.
Completé los datos personales que me requería el formulario burocrático. Deslicé el dinero por la estrecha hendija que dejaba el pesado cristal y que parapetaba a la mujer, de algún que otro mal entendido o simplemente de algún hecho exterior anormal.
Recibí mi pasaje. Lo doblé en incontables partes y lo guardé en el bolsillo de las cosas importantes.
- Que tenga un buen viaje - escuché decir a alguien (no precisé si la voz se correspondía con la misma mujer) que estaba por detrás del cristal.
La decisión estaba a punto de perder su indeterminación, ahí no mas, al alcance, en el mismo sitio donde principia la a osadía de lo resuelto y sin que uno se de cuenta, todo torna a consolidarse y va adquiriendo ese aspecto circunspecto, sagrado de las estatuas.
La pugna era terrible..., hasta Borges intercedía con sus recursos lingüísticos-matemáticos, aplicados a esa esfera inverosímil, caótica, que desde luego, por momentos embeleza y en otros, desvasta todo vestigio racional, que es nuestra consciencia...
"¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada?".
El mensaje era incontrastable. Un himno de Liberación, se me figuró.
- "si querés voy por tu casa" -
Mi mente era, en esos momentos, un Campo de Marte. Por un lado, un brillante, multicolor y soleado espacio con aguas termales, suntuosas tiendas, un fantástico parque de entretenimiento y solaz de las personas y allí mismo, entre la algarabía de hombres, mujeres y niños, a pesar de la escisión clasista y el Reloj Solar de Augusto, el militarismo y su natural inclinación a la práctica guerrera, como única vereda y camino de la vida a la muerte..., un un insospechado reflejo de una realidad ficcional e inverosímil.
Allí, en el medio mismo del Campo de Marte, estaba, oscilante, zigzagueante..., entre la imprecisión de mi voluntad y su risa serrana, espolvoreada de polen.
El rebelde pensamiento (sin asidero) otra vez volvía a inscribirse en el poco claro cristal de la mente...
- ...es bien cierto..., realmente no sirve para nada... -
Por supuesto que sopesé que aquella pretérita metempsícosis, no sería hoy, por si acaso, la cabal expresión del contenido inescindible de tu vida en mi vida y mi pensamiento completado con tu vida...